¿Por qué los subtítulos son diferentes de lo que se escucha?

19/10/2020

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Todos hemos puesto alguna vez los subtítulos de una película o de nuestra serie favorita y hemos visto lo diferentes que pueden llegar a ser de lo que dicen los personajes, pero, aunque esto pueda parecer el desastre de algún traductor novato, lo cierto es que la traducción de subtítulos es una de las modalidades de traducción más complicadas y que requieren más conocimientos técnicos.

Sin entrar demasiado en esos conceptos especializados como el número de caracteres por segundo, el bit rate o el máximo de caracteres por línea —por mencionar algunos de los aspectos básicos del subtitulado—, sí diremos que, a la hora de subtitular, hay que tener en cuenta una gran cantidad de aspectos formales que van mucho más allá de la traducción, a cuyos problemas clásicos (falta de equivalentes, fidelidad al sentido del texto origen, adaptación a la cultura meta, etc.) se unen unas limitaciones técnicas que hacen del subtitulado casi un «deporte de riesgo».

Uno de los primeros escollos que tiene que salvar el subtitulador es el de la diferencia entre la velocidad a la que se habla y la velocidad a la que se lee. Aquí tenemos la primera de las claves para entender por qué los subtítulos parece que están como «concentrados», y es que no se puede leer a la misma velocidad que se habla, menos aún, en escenas en las que se habla muy rápido (escenas en las que hay tensión o discusiones, por ejemplo).

El segundo escollo aparece con las películas dobladas (la inmensa mayoría en el mercado español, ya que, como bien sabemos, en España la costumbre es doblar todo lo que viene de fuera). Para hacer que el doblaje parezca real, se tiene que adaptar la traducción al movimiento de los labios del personaje que está hablando —lo que se conoce como sincronización labial o fononímica (lip sync en inglés)—. Esto ya hace que el texto se tenga que «retorcer» para que se pueda adaptar a este movimiento. Si a esto unimos el hecho de que normalmente el subtitulador trabaja con una plantilla de subtítulos en inglés, ya podemos comprender claramente por qué hay ese desfase entre sincronización labial y subtítulo.

Como habéis podido comprobar, esto de subtitular tiene bastante más miga de lo que a simple vista podría parecer. Además de conocer los distintos tipos de subtítulos que hay (abiertos y cerrados) y en qué se diferencian, todos los requisitos técnicos, un poco de codificación de audio y vídeo, etc., el subtitulador tiene que manejar los programas especializados para subtitular que, si bien no son complicados una vez los conoces, te pueden parecer una auténtica odisea la primera vez que abres uno. Y, por si esto fuera poco, cada cliente tiene sus propias reglas y modelos para hacer subtítulos, lo que significa que uno te dirá que la velocidad de lectura máxima son 15, otro 17, otro 20, que si no más de 40 caracteres por línea, que si 37 o 35, que yo quiero un SUB, que yo un SRT, que a mí me gusta más el formato ASS… En fin, como podéis ver, esto no es algo que se aprenda en diez minutos.

 

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