Temporada de becarios

05/08/2020

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Llega el verano —aunque algo atípico en esta ocasión— y da comienzo la temporada alta del becario. Y, a pesar de que esta figura está relacionada con términos como precariedad o abuso, también es cierto que todavía hay empresas que no solo los respetan, sino que se esfuerzan por ayudarlos en su aprendizaje. ¿Dónde reside el límite entre utilizar a un alumno como trabajador encubierto y enseñar a un estudiante dándole cierta responsabilidad y autonomía?

Se trata, en cualquier caso, de un tema controvertido y que suscita un fuerte debate entre profesionales y esos jóvenes que buscan formarse y meter la cabeza en su sector. La frontera que divide lo legal y lo abusivo es tenue y puede resultar difícil de definir. Es por esto que, quizá con demasiada frecuencia, el empresario «juega» con la línea difusa de la legalidad y pide al estudiante que realice tareas que exceden las responsabilidades de un simple aprendiz e, incluso, que se desarrollan fuera del horario establecido. Forges, al que de forma habitual le gustaba rescatar la figura del becario en sus viñetas, decía: «en mi época no había becarios, sino que se les llamaba aprendices, que es una palabra mucho más bonita». En palabras del dibujante, reflejadas en un reportaje de Verne en El País: «antes, si te pagaban un poco y te enseñaban, estaba bien como figura. El problema es cuando se intenta “becarizar” una profesión».

El programa de prácticas de las universidades nace con el objetivo de dotar a los futuros licenciados de práctica real en un ambiente de trabajo como el que se encontrarán cuando terminen sus estudios. Este compromiso entre institución y empresa conlleva una serie de derechos y obligaciones tanto para el formador como para el becario. El tutor debe enseñar al estudiante y prepararlo haciendo uso de todos los recursos disponibles para que, cuando se gradúe, el salto a la vida laboral sea menos abrupto. Por su parte, el alumno en prácticas tiene que insuflar en la empresa sus ganas de comerse el mundo, su frescura, sus conocimientos y sus nuevas fórmulas de relacionarse en un entorno tecnológico. Se trata de aprovechar las sinergias entre ambas partes con una constante basada en el bien común y, rescatando de nuevo las palabras de Forges, si te pagan un poco y te enseñan, mejor.

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