Sentimos decepcionar a todos los que habéis llegado hasta aquí al pensar que en esta entrada de nuestro blog íbamos a escribir sobre las historias del mundo mágico de J. R. R. Tolkien, de sus singulares criaturas o de ese idioma que caracteriza las tierras que se extienden más allá de la Puerta Negra. De hecho, ni tan siquiera vamos a hablar de una lengua, propiamente dicha, sino de un lenguaje, un lenguaje que ni el mismísimo Sauron, Señor Oscuro de Mordor, podría llegar a descifrar. Como algunos ya habréis adivinado, se trata, efectivamente, del lenguaje de la Administración. Quizá más de uno os estéis preguntando el porqué de esta entrada. La razón es simple: si nos hemos decidido a escribir este post, ha sido por culpa de la incomprensión. Pero permitid que nos expliquemos.

En nuestra labor como traductores, recibimos todo tipo de documentos de países muy diversos. Pero si hay algo que realmente nos pone los pelos de punta, son los textos que utiliza la Administración en España, en muchos casos, para comunicarse con sus ciudadanos. Es curioso observar que, en estos textos, la función comunicativa brilla por su ausencia. Como todo buen traductor sabe, cuando te enfrentas a una traducción, algo que también se puede aplicar a la redacción de un texto, uno de los factores más importantes a tener en cuenta es la figura del receptor, es decir, el público que va a recibir el documento que has traducido. Cuando redactas o traduces para un público en general, con un nivel cultural medio (tirando a medio-bajo), lo normal es que utilices un lenguaje neutro y relativamente simple.

Hasta aquí, todo claro. Pero entonces llegan frases como «En el caso de contribuyentes fallecidos durante 2018, el impuesto se devengará en el momento del fallecimiento y el período impositivo resultará inferior al año natural» de la web de la Agencia Tributaria. ¿Qué porcentaje de la población española creéis que puede entender esa frase? ¿Vosotros la entendéis? Y encima luego entras en la web de su homóloga en el Reino Unido y lees: «Your appeal can be made by someone who deals with your taxes, for example an accountant». Y es en ese preciso instante cuando te das cuenta de que algo está fallando en España.

Son varios los países europeos y de otras latitudes que, hace ya años, decidieron acercar el lenguaje que usaban a la gente. Así nació en Gran Bretaña, por ejemplo, el concepto de «in plain English». La Administración británica decidió recoger este concepto —que data del siglo xv— para utilizarlo en su comunicación con los ciudadanos. De este modo, cualquier persona que entrara en una web gubernamental o recibiera una carta del estado sería capaz de entender lo que ponía sin necesidad de acudir a un abogado o a un profesional de cualquier otra índole. Parece algo lógico y sencillo, ¿verdad? Y lo es, hasta que te das de frente con la burocracia española. Aquí en España parece que toda forma de comunicación del estado tiene que ser lo más confusa y oscura posible. Pero bueno, seamos optimistas, quizá dentro de cincuenta años, tengamos que reescribir esta entrada del blog. O no.

Esperamos que os haya gustado esta nueva entrada y que os haya hecho reflexionar. Y vosotros, ¿qué pensáis? ¿Creéis que la Administración tiene que usar un lenguaje cercano a las personas? ¿O sois de los que estáis convencidos de que este lenguaje tiene que seguir tal cual está? Sea como sea, os esperamos la próxima semana con una nueva entrada del blog, en la que hablaremos de la «invasión» de los anglicismos, especialmente en algunos sectores. ¿Moda o necesidad comunicativa?

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